La evidencia científica actual demuestra que gran parte del riesgo de desarrollar enfermedades crónicas en la edad adulta se programa durante los denominados primeros 1000 días, período que abarca desde la concepción hasta los dos años de vida. Este concepto, respaldado por la teoría de los Orígenes del Desarrollo de la Salud y la Enfermedad (DOHaD), propone que las exposiciones ambientales tempranas modulan la expresión génica mediante mecanismos epigenéticos capaces de influir de forma duradera sobre la salud metabólica, inmunológica y neurológica.
Durante esta ventana crítica existe una extraordinaria plasticidad biológica. El feto recibe continuamente señales procedentes del estado nutricional, metabólico, inmunológico y emocional de la madre, utilizando esta información para adaptar su fisiología al entorno que espera encontrar tras el nacimiento. Factores como la obesidad materna, la inflamación sistémica, la exposición a tóxicos ambientales, la desnutrición o el estrés crónico pueden inducir modificaciones epigenéticas que aumentan posteriormente el riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, alergias, enfermedades autoinmunes y trastornos del neurodesarrollo.